La primera infancia.
Para presentar este momento del desarrollo apelamos a autores
del campo de la Psicología del Desarrollo, sus aportes brindan una perspectiva
de la cualidad de los cambios característicos de la primera infancia y no se re
restringen a sólo a considerar el criterio de la variable edad para
delimitarla. La perspectiva de Jesús
Palacios (1999) se basa en los principios del modelo organísmico (el individuo
concebido como activo, el cambio visto como propiedad de los organismos y como
proceso permanente, etc.), en este modelo se apoyan las conceptualizaciones usadas
por este autor para explicar el desarrollo. Por otro lado, Philip Rochat (2004)
enriquece el conocimiento de este momento evolutivo con sus investigaciones;
éstas se centraron sobre la acción, la percepción y el desarrollo cognitivo en
los bebés.
En cuanto a la delimitación del período, Palacios y Mora
(1990) ubican la primera infancia en torno a los dos primeros años de vida.
Rochat, desde una perspectiva funcional, se refiere a la primera infancia como
el período del desarrollo que va desde el nacimiento hasta el inicio del andar
autónomo. Estos autores hacen hincapié en describir que el crecimiento que se produce
en la primera infancia es tanto estructural como funcional, es decir, los cambios
se refieren a la anatomía y también a la conducta del niño.
La primera infancia: características específicas
Agrupamos las características específicas del desarrollo en
la primera infancia en torno a tres ejes:
El desarrollo motor, centrado en el progresivo control
postural.
El desarrollo emocional, en el proceso de adquisición de
autonomía psíquica
Desarrollo intelectual, caracterizado por el tránsito de
lo motor a lo representativo. Subrayamos que el desarrollo infantil evidencia
la estrecha interdependencia entre estos tres ejes.
El desarrollo motor en la primera infancia:
En cuanto al desarrollo motor, se observa un progresivo
control corporal; este logro obedece a la maduración que se da en el cerebro
del niño , fenómeno que condiciona y posibilita los progresos en la motricidad
y su paulatino control. Específicamente, en cuanto al desarrollo motor en la primera
infancia, inicialmente los movimientos del niño son incontrolados y no
coordinados, y sobre el final de esta etapa observamos que el niño logra movimientos
voluntarios y coordinados.
Como ya planteamos en las primeras clases, estos cambios no
son
anárquicos sino que están regulados por principios o leyes
del desarrollo,
referidos a: la dirección de la maduración, la subordinación
funcional, la
diferenciación y al ritmo de crecimiento en tanto
asincrónico y discontinuo.
Estos cinco principios que rigen el desarrollo se expresan
de manera particular a lo largo de todos los momentos evolutivos que vamos a
trabajar. En relación a esta última ley, cabe subrayar que en la primera
infancia este proceso continuo y
progresivo de crecimiento se acelera, las curvas de crecimiento muestran por lo
tanto un perfil más vertical. En períodos posteriores, se observa una
disminución de la velocidad, tanto en altura como en peso.
La génesis de la
motilidad voluntaria se inicia en el área cerebral cortical específica,
estimulando las neuronas motoras espinales a través de las vías corticoespinales
específicas (haces piramidales). Esto se convierte en la condición necesaria
pero no suficiente para el logro del movimiento voluntario. Para que esta
adquisición sea posible es indispensable el despliegue de este equipamiento
biológico del sujeto en interacción con el medio.
Este control y coordinación motora se logra en dirección
céfalo caudal y próximo distal. La primera implica que se controlan antes las
partes del cuerpo que están próximas a la cabeza, y luego ese control se
extiende hacia abajo. La próximo distal muestra que se controlan antes las
partes más próximas al centro del cuerpo que las más alejadas. (La articulación
del codo se controla antes que la de la muñeca, que se controla antes que las
de los dedos). El cuanto al desarrollo esperable del control postural en los dos
años primeros años de vida, la relación logro-edad se observa en los siguiente cuadros
(Palacios, 1999):
Vemos que existe un margen del logro de variación
relativamente amplio, en el cual cada niño adquiere cada uno de los hitos del
control postural. Esta amplia variación se debe a que el margen consignado
tiene sólo un valor indicativo. Al respecto, resulta fundamental prestar mayor
atención a la secuencia de aparición de los logros, lo que tiene un valor
evolutivo invariable entre los diferentes sujetos. Estas diferencias Palacios
las entiende como resultado de la cultura en la que el niño se desarrolla, como
así también las características y posibilidades del propio niño.
Por lo tanto, podemos
decir que el aspecto relevante de la
psicomotricidad en la primera infancia recae en el
progresivo control corporal.
El recién nacido no logra controlar su cuerpo, su cabeza cae
para los lados, cuando no está apoyada, es incapaz de mantenerse sentado y hacia
los dos años de vida, se observan movimientos voluntarios y coordinados que se traducen
en la posibilidad del niño de alcanzar un andar y correr de forma autónoma.
Un dato a destacar en el estudio de Palacios (1999) es que
en la primera infancia no se encuentran diferencias significativas de género en
cuanto al logro del control postural, como así también en el ritmo de crecimiento.
Los ritmos de adquisición son semejantes para niños y niñas, las diferencias
están ligadas a las influencias del medio.
El “desarrollo emocional” en la primera infancia.
La designación
“desarrollo emocional” es de uso corriente en las publicaciones de Psicología
Evolutiva y agrupa aportes de diversas teorías , en este apartado haremos
referencia a los aportes del psicoanálisis.
Sigmund Freud (1856-1939) sostiene que aquello que sucede en
el sujeto en los primeros años de vida tiene relevancia para comprender el funcionamiento
adulto, es por eso que su teoría es considerada una teoría evolutiva (Martí
Sala, 1991). Esta perspectiva, señala la importancia de conceptualizar y
mostrar el papel central que tienen los cuidados “maternos” en el marco del
vínculo temprano, en los orígenes del psiquismo. Es necesario aclarar que
cuando mencionamos cuidados maternos, hacemos alusión a la función materna,
donde se antepone el concepto de función frente al del sujeto que la realiza,
(madre, padre o sustituto). La función implica una acción que posibilita un
proceso, más allá de quién /quiénes realice/n el denominado cuidado materno.
La importancia que se le asigna a estos cuidados reside en
entender que en esta relación temprana de dependencia del niño con la
asistencia ajena, la necesidad biológica es transformada por la atención de
otro auxiliar, generándose así la primera comunicación.
COMENTARIO
Estas interacciones sociales con
los adultos, en el recién nacido son posibles gracias al bagaje conductual que
posee y éste le permite mantener la interacción mediante sus conductas innatas,
conductas que el adulto trata como intencionales. En esta instancia el adulto
se convierte en el responsable del curso de la interacción. Dentro de estos
marcos interactivos en estos momentos iniciales de la vida, comienzan a
construirse un conjunto de expectativas comunes que le permite a cada uno,
tanto niño como adulto, reconocer la señal del otro y anticipar su respuesta.
Es allí cuando el niño logra un
salto cualitativo fundamental en el desarrollo, aquellas conductas innatas del
comienzo, dan lugar a verdaderas señales que buscan influir en su entorno. Piaget
nos dice que el bebé aprende acerca de sí mismo y de su mundo a través de su actividad
sensorial y motora en desarrollo. Es por esto que en su caracterización de la
génesis de la inteligencia denomina a este primer período sensorio-motor.





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