domingo, 24 de abril de 2022

EL DESARROLLO DE LA PROPIEDADES

 

La primera infancia.

Para presentar este momento del desarrollo apelamos a autores del campo de la Psicología del Desarrollo, sus aportes brindan una perspectiva de la cualidad de los cambios característicos de la primera infancia y no se re restringen a sólo a considerar el criterio de la variable edad para delimitarla.  La perspectiva de Jesús Palacios (1999) se basa en los principios del modelo organísmico (el individuo concebido como activo, el cambio visto como propiedad de los organismos y como proceso permanente, etc.), en este modelo se apoyan las conceptualizaciones usadas por este autor para explicar el desarrollo. Por otro lado, Philip Rochat (2004) enriquece el conocimiento de este momento evolutivo con sus investigaciones; éstas se centraron sobre la acción, la percepción y el desarrollo cognitivo en los bebés.

En cuanto a la delimitación del período, Palacios y Mora (1990) ubican la primera infancia en torno a los dos primeros años de vida. Rochat, desde una perspectiva funcional, se refiere a la primera infancia como el período del desarrollo que va desde el nacimiento hasta el inicio del andar autónomo. Estos autores hacen hincapié en describir que el crecimiento que se produce en la primera infancia es tanto estructural como funcional, es decir, los cambios se refieren a la anatomía y también a la conducta del niño.

La primera infancia: características específicas

Agrupamos las características específicas del desarrollo en la primera infancia en torno a tres ejes:

 El desarrollo motor, centrado en el progresivo control postural.

 El desarrollo emocional, en el proceso de adquisición de autonomía psíquica

 Desarrollo intelectual, caracterizado por el tránsito de lo motor a lo representativo. Subrayamos que el desarrollo infantil evidencia la estrecha interdependencia entre estos tres ejes.

El desarrollo motor en la primera infancia:

En cuanto al desarrollo motor, se observa un progresivo control corporal; este logro obedece a la maduración que se da en el cerebro del niño , fenómeno que condiciona y posibilita los progresos en la motricidad y su paulatino control. Específicamente, en cuanto al desarrollo motor en la primera infancia, inicialmente los movimientos del niño son incontrolados y no coordinados, y sobre el final de esta etapa observamos que el niño logra movimientos voluntarios y coordinados.

Como ya planteamos en las primeras clases, estos cambios no son

anárquicos sino que están regulados por principios o leyes del desarrollo,

referidos a: la dirección de la maduración, la subordinación funcional, la

diferenciación y al ritmo de crecimiento en tanto asincrónico y discontinuo.

Estos cinco principios que rigen el desarrollo se expresan de manera particular a lo largo de todos los momentos evolutivos que vamos a trabajar. En relación a esta última ley, cabe subrayar que en la primera infancia este  proceso continuo y progresivo de crecimiento se acelera, las curvas de crecimiento muestran por lo tanto un perfil más vertical. En períodos posteriores, se observa una disminución de la velocidad, tanto en altura como en peso.

 La génesis de la motilidad voluntaria se inicia en el área cerebral cortical específica, estimulando las neuronas motoras espinales a través de las vías corticoespinales específicas (haces piramidales). Esto se convierte en la condición necesaria pero no suficiente para el logro del movimiento voluntario. Para que esta adquisición sea posible es indispensable el despliegue de este equipamiento biológico del sujeto en interacción con el medio.

Este control y coordinación motora se logra en dirección céfalo caudal y próximo distal. La primera implica que se controlan antes las partes del cuerpo que están próximas a la cabeza, y luego ese control se extiende hacia abajo. La próximo distal muestra que se controlan antes las partes más próximas al centro del cuerpo que las más alejadas. (La articulación del codo se controla antes que la de la muñeca, que se controla antes que las de los dedos). El cuanto al desarrollo esperable del control postural en los dos años primeros años de vida, la relación logro-edad se observa en los siguiente cuadros (Palacios, 1999):

Vemos que existe un margen del logro de variación relativamente amplio, en el cual cada niño adquiere cada uno de los hitos del control postural. Esta amplia variación se debe a que el margen consignado tiene sólo un valor indicativo. Al respecto, resulta fundamental prestar mayor atención a la secuencia de aparición de los logros, lo que tiene un valor evolutivo invariable entre los diferentes sujetos. Estas diferencias Palacios las entiende como resultado de la cultura en la que el niño se desarrolla, como así también las características y posibilidades del propio niño.

 Por lo tanto, podemos decir que el aspecto relevante de la

psicomotricidad en la primera infancia recae en el progresivo control corporal.

El recién nacido no logra controlar su cuerpo, su cabeza cae para los lados, cuando no está apoyada, es incapaz de mantenerse sentado y hacia los dos años de vida, se observan movimientos voluntarios y coordinados que se traducen en la posibilidad del niño de alcanzar un andar y correr de forma autónoma.

Un dato a destacar en el estudio de Palacios (1999) es que en la primera infancia no se encuentran diferencias significativas de género en cuanto al logro del control postural, como así también en el ritmo de crecimiento. Los ritmos de adquisición son semejantes para niños y niñas, las diferencias están ligadas a las influencias del medio.

El “desarrollo emocional” en la primera infancia.

 La designación “desarrollo emocional” es de uso corriente en las publicaciones de Psicología Evolutiva y agrupa aportes de diversas teorías , en este apartado haremos referencia a los aportes del psicoanálisis.

Sigmund Freud (1856-1939) sostiene que aquello que sucede en el sujeto en los primeros años de vida tiene relevancia para comprender el funcionamiento adulto, es por eso que su teoría es considerada una teoría evolutiva (Martí Sala, 1991). Esta perspectiva, señala la importancia de conceptualizar y mostrar el papel central que tienen los cuidados “maternos” en el marco del vínculo temprano, en los orígenes del psiquismo. Es necesario aclarar que cuando mencionamos cuidados maternos, hacemos alusión a la función materna, donde se antepone el concepto de función frente al del sujeto que la realiza, (madre, padre o sustituto). La función implica una acción que posibilita un proceso, más allá de quién /quiénes realice/n el denominado cuidado materno.

La importancia que se le asigna a estos cuidados reside en entender que en esta relación temprana de dependencia del niño con la asistencia ajena, la necesidad biológica es transformada por la atención de otro auxiliar, generándose así la primera comunicación.





COMENTARIO

Estas interacciones sociales con los adultos, en el recién nacido son posibles gracias al bagaje conductual que posee y éste le permite mantener la interacción mediante sus conductas innatas, conductas que el adulto trata como intencionales. En esta instancia el adulto se convierte en el responsable del curso de la interacción. Dentro de estos marcos interactivos en estos momentos iniciales de la vida, comienzan a construirse un conjunto de expectativas comunes que le permite a cada uno, tanto niño como adulto, reconocer la señal del otro y anticipar su respuesta.

Es allí cuando el niño logra un salto cualitativo fundamental en el desarrollo, aquellas conductas innatas del comienzo, dan lugar a verdaderas señales que buscan influir en su entorno. Piaget nos dice que el bebé aprende acerca de sí mismo y de su mundo a través de su actividad sensorial y motora en desarrollo. Es por esto que en su caracterización de la génesis de la inteligencia denomina a este primer período sensorio-motor.


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